Desde el 2001 quedó “instituido” por la UNESCO
El día Mundial de la Poesía, el 21 de Marzo, (equinoccio de la Primavera).
Supongo que será porque “alguna mente pensante” creería que algo como los versos podrían caer en el olvido…
-no, ya lo sé…seguramente se marcó este día para que nos obliguemos al menos, una vez, a leer un poema-.
El mío, o al menos uno de mis preferidos es
“No te rindas” de Benedetti…Siempre él…
Por supuesto también está
“If” de Kipling…pero poema…como tal…me parece que lo es, despertar y sentir los primeros rayos del día, o escuchar a los pájaros, que vuelan cerca, muy cerca…descubrir como los árboles van despertando de su letargo, reír con mis amig@s, caminar por la calle y observar a la gente, escuchar la música que el alma me pide…todo eso…es poesía…
Y como esta “efeméride” queda marcada en los calendarios para recordarnos que ha llegado Flora para seguir con el ciclo de la vida, me apetece escribir sobre uno de los mayores placeres que he conocido en la vida (de momento)…El Arte:
La obra que esbozaré es tan conocida que poco podré aportar, pero aún así, quiero acercaros esa pequeña historia que los neoplatónicos nos enseñaron, y Botticelli (1444-1510) plasmó de manera tan idealizada en torno a los años 1478-1482.
Se trata de
“La Primavera” encargada por Marsilio Ficino para Lorenzo di Pierfrancesco di Médici cuando éste contaba con 14 años -
(¿no fue mala inversión la suya verdad?…Ahora los adolescentes matarían por el último modelo de la Psp)….(supongo)-
De derecha a izquierda, el viento del oeste
Cefiro, con sus carillos insuflando esa brisa ligera y calida que preludia la primavera, intenta sujetar apasionadamente a la ninfa
Cloris, a la que raptó -
(en los mitos, las historias emiten cualquier tipo de cortejos, son muy prácticos)- y al “desposarla” le concedió el poder de germinar las semillas de las flores ornamentales y de cultivo (por ello expulsa flores por su boca, que recoge la siguiente figura). Ataviada con un vestido vaporoso “
Hora” (espíritu de la primavera) o también interpretada como
Flora, recoge violetas, flores de aciano, fresas silvestres, que llenan la tierra en este resurgir del ciclo vital.
En el centro de la composición:
Venus Humanitas, representada en el centro de la composición, coronada por la vegetación como una aureola, entre naranjos para plasmar el concepto de unidad, armonía, naturaleza, gestación, mira al espectador con aptitud casi “virginal”.
Sobre ella,
Cupido, con los ojos vendados (nexo entre el cielo y la tierra), lanza una de sus flechas dirigida a una de las
tres Gracias, que componen la danza de la izquierda del cuadro.
Si pudiéramos simbolizar esta obra con la música, pasaríamos de un Allegro, al Andante Melancólico de este ritmo perpetuo de “
Pulchritudo” (derecha), “
Castitas” (centro) y “
Voluptas”.
Será “Castitas” (Castidad), el objetivo de esa flecha, que mira a
Mercurio, dios del entendimiento, que con su báculo, y mediante la razón, despeja las nubes, para acercar al hombre a lo divino.
El significado de todo ello es que en el circuito del amor, lo que llega a la tierra como pasión (Céfiro), regresa al cielo como contemplación (Mercurio).
Solo con el entendimiento se alcanzará la virtud.
Y al contemplarla en la galería Uffizi (Florencia) recuerdo que pensaba...:
¿quién preferiría ser Cloris o Castitas?
Y para terminar, porque
resurgir es llenarte de gozo y placeres, este regalo:
Obertura de "Tristán e Isolda", como recuerdo al desaparecido Wolgang (nieto del compositor de esta obra
Richard Wagner)
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