26 abr. 2011

No se lo neguemos: Por Chernóbil



1997. Una mujer atiende a un bebé en un orfanato de Minsk. La radiación hizo que naciera sin ojos. | Paul Fusco/Magnum Photos


Cuando veía las imágenes me preguntaba si esto servía de algo…

¡No!

¡Claro que no!

Que yo lea cada año algún dato sobre la tragedia acaecida en Chernóbil no cambiará ni servirá para ayudar pero, si miro para otro lado, si me niego a sentir viendo esas horribles escenas o recordando cómo era mi vida en aquel 1986, en contraposición a cómo fue y ha sido sus vidas desde entonces, ¿es mejor?, ¡no, tampoco!


Creo que en la medida de lo posible, ya que no ayudamos de otra forma, al menos no les neguemos aquello que les corresponde, que es su historia, su recuerdo, sus vivencias y sobretodo que un día como hoy, valoremos todo cuánto tenemos, la salud, el bienestar, no tener que caminar por calles infestas de esa contaminación que a ellos les ha costado la vida.


La diferencia de la tragedia cuando la contemplamos en la distancia, es que creemos que nosotros estamos lejos…pero no es así…la desdicha puede estar un día en esa orilla por la que nosotros caminamos, y puede llegar tan sigilosa, que no sepamos cuando caerá sobre nuestras vidas, y entonces quizás no quisiéramos que olvidaran nuestra historia…

No olvidemos entonces la suya…quizás hoy es un buen día para detenerse cinco minutos, dar gracias por todo cuanto tenemos, valorar incluso lo que hemos perdido, porque también fue nuestro, y quizás podamos hacer una obra buena, una ayuda a quién lo necesite, como signo de “esperanza”, ojalá algún día, sintamos más el dolor ajeno y exista mayor compromiso por y para este mundo que nos pertenece.



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20 abr. 2011

De vuelta de todo...




De espaldas caminaré para no ver aquello que me duele.

De puntillas, si hace falta, para tocar lo menos posible ese suelo infértil de sinceridad.

Dejaré de respirar, para no llenar mis pulmones de ese aire contaminado de cobardía.

Hasta los ojos cerraré para no apresar en mis retinas tantas imágenes que solo sirven para olvidar.

De espaldas, para que sea más fácil que me critiquen, que rara vez se hace a la cara.

Despacio, para que sea más fácil regodearse en culpar, en vez de auto inculparse.

Bajaré mi cabeza, no como signo de sumisión, si no de absoluta benevolencia hacia los que no se puede esperar nada.

Pero nunca dejaré de aprovechar las oportunidades que la vida me regale para sonreír, aunque sea un día, nunca abandonaré a los que me quieran, y me lo hagan saber, y jamás renunciaré a la fuerza más potente que mueve mi alma, amar, por encima de todas las demás cosas.


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