21 feb. 2011

Antes que el gallo cantase dos veces...




Creía que ya lo había visto antes.

Pensó que lo conocía, quizás de tiempo atrás.

Intentó bucear en sus recuerdos, en esas imágenes que se clavan en nuestra retina y echan raíces en el alma.

Y por más que quiso apresar un recuerdo no supo.

Serían cosas suyas!...como tantas otras!
¡Qué tonta!, siempre esa imaginación que le hacía creer cosas que no eran.

Si él la trataba como si no la conociera, si en su casa era una invitada más, aunque hubiese tenido un deja-vú de esos que te hacen creer que antes ya habías estado allí, y le parecía conocer esa mesa, esas sillas, esas fotos, incluso el sofá le pareció familiarmente cómodo….No podían ser más que imaginaciones suyas, porque lo que quedó palpable ese día, en aquel encuentro , es que era imposible que él fingiera no conocerla, sería imposible hacerlo tan bien!

¡Qué curiosos los sueños: podemos creernos que nos abrazaron durante la noche, que nos susurraron entre la complicidad de la tersura, que te hicieron reír y provocar el mejor de los abrazos, que esa mano era familiar, que tiempo atrás te la hubiesen tendido, en señal de ayuda, pero no, no fue así, todo fue un sueño…uno más para olvidar!


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