22 jul. 2009

Compromiso

Mordaza...sigue trabajando.
Mantén tu afán por acabar conmigo.
Así será mejor, pues así se quiso.


Mordaza...no te apenes de mí.
No soy lo que era, pues todo es discurrir.
Nada fue ni será igual, sigue, persiste.


Mordaza...cuando tu fuerza es liviana,
suspiro, añoro y en mal momento revivo.
Sigue con nuestro trato...


Mordaza, solo tú sabes cuán valioso es
el silencio, el destierro, el olvido,
de no hacer, ni decir, ni sentir...


Mordaza...te juré que acallarías mi voz,
te aseguré que atarías mis sentidos,
te juré que nunca nos separaríamos...


Y así ha sido...casi cien días...y hasta el fin.
Mordaza, solo se trata de unirnos quizás
con más anhelo, más deseo, hasta hacerme olvidar...


El día que firmé ese compromiso..


video

18 jul. 2009

Un día más...



Buscaba un lápiz para subrayar un libro que estoy leyendo.

Y era evidente que lo encontraría con facilidad, dada la gran colección de lápices que tengo, y que seguiré atesorando, como otras tantas manías a las que no quisiera dejar de rendirles culto. Entre otras muchas, he descubierto, y debo de reconocer hasta con cierto temor, que me fascina crear palabras con las letras de las matriculas, y ello me lleva a poder recorrer toda una calle, artería principal de mi ciudad, jugando con la unión de unas y otras, hasta tener frases enteras...

Junto a ese talante “simbolista”, está el que me nutre la médula, y es el fetichismo, algo que puede llegar a ser un gran peligro, cuando se roza la tendencia del mismísimo Diógenes, pero son males, que no hacen daño a “terceros”, al menos de momento....por tanto, “el seguro de vida lo tengo aún en las cláusulas más básicas”, llegado el momento, no descarto presentarme ante cualquier tribunal como un “alto riesgo”.

Y después de presentarme ante ustedes, como coleccionista, simbolista y fetichista, me remonto a la primera frase con la que inicié estos pensamientos, para describir, lo que encontré junto al lápiz con ovejita negra (recuerdo de Edimburgo):

Metido en una bolsita, estaba un cuadernito que no supera los diez centímetros, de color azul intenso...al abrirlo, como no podía ser de otra forma encontré esos resabios de sensaciones, vividas años atrás, y que me recordaban cómo era, cómo soy, como siento...

Este cuaderno me remontaba a siete años atrás....
Dos mil quinientos cincuenta y cinco días, separaban un momento de otro, y no pude evitar buscar un día...era jugar a meterme en “la máquina del tiempo” y decir, -“tal día como hoy, pero hace siete años ¿qué pensaba?”-

Y cual fue mi sorpresa, cuando las palabras allí escritas podrían servirme a día de hoy, al menos, en esencia...

Estamos rodeados de todo aquello tangible, que haya sido descubierto por nuestros sentidos y lograron captar nuestra atención.
Son cosas materiales, que por uno u otro motivo, pensamos que ocupan un espacio razonable en nuestro “propio espacio vital”, y así, se van solapando unas y otras...
La criba es posible sólo cuando sabes que ocupan más espacio, del que el recuerdo se merece, o simplemente olvidaste porqué se guardó.

Mis pensamientos, esos que escribo y solo soy capaz de leer, si los cuadernillos en los que atesoro esas vivencias un día juegan a “aparecerse”, en muchas ocasiones han estado expuestos a una quema; como el pasaje del Quijote, cuando los libros de caballería que albergaba el insigne hidalgo en su biblioteca, fueron arrojados al fuego, como si estos fueran los responsables de su “locura”.

Pero ningún pensamiento tiene más valor que el momento vivido...y ese ya pasó...
Lo que tardamos en “retenerlo”, en describirlo...se fue...

Los pensamientos que haya escrito en estos meses, podrán aparecerse dentro de años y de nada me servirán, más que para volver a repetir “el simbolismo con la máquina del tiempo”...

Intenté contar cuántas vivencias atesoraba en “La Cajita de mi Vida”: y me emocioné al comprobar, que no importaba haber amado en menos ocasiones que los dedos de una mano, ni a día de hoy, sentirme triste casi tantos meses como los dedos de las dos... A lo largo de todas mis vivencias, en todos los días, de una u otra forma, sabía que permanecían los incondicionales, mis padres y mis amigas/os... Y ellos sí que sobrepasan la suma de los dedos de mis extremidades...

Y en mi deseo de plasmar ese sentimiento (aunque los pensamientos no sirvan para nada), solo puedo escribir: Las que habéis sabido estar...Gracias!, porque sabéis lo importante que habéis sido, y sólo haciendo presentes los actos y las palabras, podemos sentirnos acompañados...Sé que sabeis quienes sois...
Los que en la distancia, habéis estado, pese a todo: Gracias!, porque también sabéis porqué os mando esta dedicatoria.
Los que no supieron estar, los que no quisieron...Gracias!, porque el día que desaparecisteis, quiere decir, que un minuto antes estabais junto a mi...y cuando me he sentido rodeada de personas a las que quería, he sido feliz....
Los que no supieron ni tan siquiera acercarse, lo siento...porque aunque poco, siempre hubiese podido aportar algo...aunque fuera uno de mis lápices...

Cerré el cuaderno, lo metí en la bolsita, lo arrinconé al fondo del cajón donde apareció, y hoy mientras escribía estas palabras pensaba: -"todos los días de nuestra vida, en el fondo son un día más", ¡pero intentemos soñar por hacerlos tan especiales, cómo para que los podamos recordar el resto de nuestros días!"-